Desde hace algún tiempo

Desde hace algún tiempo

Desde hace algún tiempo —ya hace años— me gusta reflexionar cada día sobre la vida: la vida sencilla, ordinaria, mi propia vida. Son reflexiones como flores silvestres que crecen libres en el campo, sin que nadie las cuide ni las riegue. Nacen sencillas, multicolores, y solo algunos solitarios, como yo, pueden contemplarlas de cerca y encontrar en ellas el impulso necesario para que el pensamiento florezca y se convierta en palabras semejantes a esas flores.

Hace tiempo que observo un ave nocturna que busca acomodo en un carballo. Varias veces me acerqué por la noche y escuché un leve revoloteo, apenas una sombra oscura entre las sombras.

Una cálida noche de verano me quedé adormilado, apoyado en el tronco del árbol. No soy capaz de saber si estaba soñando o no, pero vi claramente un ave: una lechuza que me miraba fijamente con unos ojos verdes, brillantes como esmeraldas.

Descendió lentamente, abriendo las alas, hasta posarse en el suelo. Entonces sucedió algo extraordinario: la lechuza adoptó forma humana. Ante mí apareció una mujer esbelta, de cabellos grises en los que se mezclaban destellos verdes y blancos. Su rostro, pálido como la luna, estaba enmarcado por aquellos cabellos, y en él destacaba el fulgor de unos ojos de fuego verde.

Su cuerpo estaba envuelto en una túnica semejante a la seda, oscura como el azabache y salpicada de destellos dorados y pequeñas estrellas rojas, como chispas incandescentes. Sus pies desnudos parecían acariciar la hierba. Permaneció inmóvil, como una aparición majestuosa suspendida entre el cielo y la tierra.

Entonces me habló:

—Soy Aimara.

Su voz me envolvió como una melodía cálida y serena. No llegó a mis oídos, sino a lo más profundo de mi ser, como un pensamiento que encontraba su lugar en mi interior.

Continuó diciendo:

—Me has invocado y he venido a ti. Lo haré siempre que necesites mi presencia. No importa dónde estés, despierto o dormido: acudiré a tu lado.

Después de sorprenderme con aquellas palabras, permaneció unos instantes mirándome, como si quisiera dar fuerza a cuanto había dicho, como si me estuviera regalando la certeza de que aquello era real.

Poco a poco comenzó a desvanecerse, hasta que volví a ver a la lechuza elevar el vuelo y desaparecer, engullida por la noche.

Abrí los ojos y sentí el rocío de la mañana. Amanecía. Me invadió una profunda paz, como si acabara de despertar de un sueño destinado a convertirse en una realidad de mi vida.

Jesús Muñiz González

Al pasar por el lugar

Al pasar por el lugar

Al pasar por el lugar donde antes había un pino, todavía quedan algunos restos que me recuerdan el día en que fue cortado. Su inclinación hacía temer que pudiera caer, y se decidió talarlo antes de que ocurriera alguna desgracia. El año pasado se plantó un arbolillo que, poco a poco, parece salir adelante.

Recuerdo que, durante un tiempo, en aquel pino vivió una lechuza. Mantenía la finca limpia de roedores y de otros pequeños invasores. Era silenciosa; apenas se la veía. Su presencia era benéfica y discreta. A veces se oía su canto y yo imaginaba que decía: «Estoy aquí, vigilando. No temáis; dormid tranquilos. Yo guardo vuestro sueño».

Después de tantos años, todavía la echo de menos. Fantaseaba con la idea de que viniera a mi encuentro para mantener una buena charla sobre la vida. Era como si se hiciera visible la propia conciencia.

Aunque a veces pueda resultar molesta, escuchar esa voz interior que nos habla y nos aconseja para bien es muy saludable. En ocasiones sucumbimos a la tentación, pero ese runrún interior, a fuerza de insistir, termina llevándonos al arrepentimiento, y entonces el corazón se esponja.

Esa conciencia es mi lechuza: una amiga misteriosa, dulce y amable que me mira fijamente y que, a veces, sin pronunciar una sola palabra, me lo dice todo.

Será una fantasía. Pero, desde la humildad, hay fantasías que esconden una profunda verdad.

Buen día. Beso y abrazo.

Jesús Muñiz González

Los Querubines de la ría de Vigo

Los Querubines de la ría de Vigo

Los Querubines de la ría de Vigo es el título de la obra de teatro que el grupo Camaux, de la Asociación de Antiguos Alumnos de Don Bosco–María Auxiliadora de Vigo, está preparando para llevar a escena en breve.

Al pensar en ella me surgió una pregunta inevitable: ¿Hay querubines en la ría de Vigo?

La respuesta me llegó casi de inmediato. En el mirador del Paseo de Alfonso XII había unos querubines de piedra que, curiosamente, están siendo retirados. Claro que los querubines de esta obra de teatro no son de piedra.

A veces, en la ciudad ocurren cosas pequeñas, sucesos tan insignificantes que no ocupan titulares ni aparecen en las locuciones de las radios locales. Algo sucede en ese espacio difuso entre lo visible y lo invisible. Entre el rumor del agua, el viento que atraviesa los muelles y los pasos apresurados de quienes recorren las calles, surge la sensación de que algo —o alguien— vela por nosotros sin que lo notemos.

¿Podría ser que existan querubines en la ría de Vigo?

No hablamos de ángeles ni de seres celestiales que bajan del cielo, sino de guardianes de lo cotidiano, de quienes observan, cuidan y protegen los pequeños equilibrios de la vida. Pequeños misterios, algún atraco frustrado, pérdidas inexplicables y encuentros fortuitos que se resuelven de manera inesperada. Una cartera robada que vuelve a su dueño, un niño perdido que encuentra una mano amiga que lo devuelve a casa, o un pequeño accidente que termina de forma casi milagrosa. Todo ocurre con tanta naturalidad que parece casualidad… hasta que alguien se detiene a pensar: ¿Y si no lo es?

La obra Los Querubines de la ría de Vigo invita al espectador a adentrarse en ese territorio misterioso donde lo ordinario se transforma en extraordinario y lo trivial revela su lado más sorprendente. Humor, intriga y poesía se entrelazan para construir una atmósfera en la que los gestos, los encuentros casuales y las miradas pueden formar parte de algo invisible.

Los querubines no se muestran directamente. Permanecen en las sombras, moviendo hilos, velando por el equilibrio y por esos pequeños secretos que hacen que la vida siga siendo asombrosa.

Es una obra que juega con nuestra percepción y nos recuerda que el mundo está lleno de sorpresas que no siempre podemos explicar. Nos invita a abrir los ojos, a observar con atención y a dejarnos maravillar por lo inesperado.

¿Hay querubines en la ría de Vigo?
Solo hay una manera de descubrirlo: acercarse, mirar y vivir la experiencia en primera persona.

Jesús Muñiz González

Un día con Teresa

Un día con Teresa

Un día con Teresa en Ponteareas. lo tuvimos el 29 de agosto. Teresa y su marido Gonzalo, son ambos la garantía de nuestra ayuda en Kitwe, Zambia.

Ellos hacen el trabajo duro: La escuela de niños con autismo y a quienes necesitan ayuda para estudiar.

Una labor muchas veces invisible, pero absolutamente esencial para que los proyectos funcionen.

En su día a día se enfrenan a innumerables dificultades, que deben resolver sobre la marcha.

Por eso nuestra ayuda, —la tuya, la de todos los que colaboráis con la Fundación, —es tan importante.

Teresa viajó a España por motivos familiares y aprovechó para hacer una visita relámpago y conocer el Patronato de la Fundación.

Solo dispusimos de un día, el viernes 29 de agosto, de 12:30 a 19:00 horas. No hubo tiempo para organizar un encuentro más amplio —nos hubiera encantado que todos la conocierais—, pero al menos varios de nosotros pudimos saludarla y escucharla.

Miryam y yo la conocimos en nuestro último viaje a Zambia, para visitar la tumbra de José Manuel B. Gándara, el misionero que nos impulsó para crear esta Fundación.

Ahora, Teresa, se ha convertido en nuestra voz allí: Ella está entre dos mundos, el nuestro, el de España, y el de Zambia.

Eso le permite comprende perfectamente las necesidades de allá, y las dificultades de aquí.

Teresa es un testimonio vivo

Ahora casi todos los miembros del Patronato, la hemos podido saludar, y escuchar como testigo de que de ese mundo, que todavía nos parece imposible que siga existiendo.

Lo que aquí nos parece un gran problema, allí resulta mínimo frente a la dura realidad de tantas personas que apenas tienen medios para sobrevivir.

La pobreza que nos hemos encontrado en Zambia, se parece bastante a la que podía existir hace dos o tres mil años.

Cuando nació la Fundación en el año 2000, la esperanza de vida en Zambia era de 46,56. En 2023 alcanzó los 66,35. Aunque sigue lejos de los 84 años que tenemos en España.

Se avanza y ese progreso es posible gracias a personas como Teresa.

Su optimismo, sonrisa y entusiasmo nos contagiarion. Nos transmitió una energía muy valiosa para seguir adelante.

Lo que más nos impresionó fue su claridad para analizar la realidad.

«No se trata de dar una limosa, no de hacerlos dependientes de nuestra ayuda, sino de darles un empujoncito para que salgan adelante y se desarrollen por sí mismos».

Por eso creemos que la educación es la clave. El conocimiento es la herramienta más eficaz para el desarrollo.

Ayudar a que un niño vaya a la escuela es como soltar una piedrecita en los alto de una montaña nevada: al rodar se convierte en una avalancha.

La diferencia es que esta avalancha no destruye, sino que construye un pais.

Cada persona con acceso al conocimiento puede decide su futuro y disponer de medios para alcanzarlo.

Por eso mismo en la Fundación Luskelo siempre apostaremos por la educación.

Con Teresa y Gonzalo y la ayuda de cuantos colaboráis seguiremos alcanzando objetivos y así conseguiremos que un pedacito de nuestro mundo sea mejor.

Jesús Muñiz González

Corro para disfrutar.

Corro para disfrutar.

Corro para disfrutar nos dice Ernesto Vidal, un corredor de Running Lusekelo, que subió al podio en el Trail de Madeira.

La Fundación Lusekelo quiere compartir la alegría de este corredor, y hacernos saber por el mismo, como fue el acontecimiento.

¿Cuánto tiempo hace que corres en el equipo de running lusekelo?

Unos 10 años aproximadamente.

Un Trail maratón de 60 km son muchas horas a buen ritmo, a veces solo para llegar a la meta, y desde luego mucho más para llegar entre los 3 primeros. ¿Cuál es el momento más duro de la carrera?

Creo que cuando estás en el 70% de la carrera y la fatiga empieza a alimentar tus pensamientos negativos. Después te vas acercando a la meta y eso cambia.

Superar el sufrimiento

¿Siempre se sufre para terminar este tipo de carreras?

Siempre hay momentos de sufrimiento. Forma parte de estas carreras tan largas. También se disfruta.

¿Qué es lo que más te ayuda a superar el sufrimiento?

La experiencia. Sabes que siempre pasas por momentos duros, pero que si sigues va a mejorar. Es como la vida.

¿Qué es lo que sentiste al llegar?

Una inmensa alegría y emoción. Y una sensación de paz y bienestar con uno mismo.

¿Sabes qué significa Lusekelo?

Sí. Lusekelo significa alegría en Kaonde.

Supongo que a todos los que corren les gustaría ganar, aunque solo uno llega el primero y tres suben al podio. ¿Corres para ganar o para tu propia satisfacción?

Desde luego corro para disfrutar. Nunca he pensado en ganar.

Correr significa tiempo de preparación, entrenamiento y un buen estado mental y físico. ¿Qué es lo que consideras más importante de tu preparación para estar en buena forma y conseguir el objetivo?

La planificación del entrenamiento es fundamental. Debe adaptarse a tus obetivos realistas y no suponer una carga para tu vida diaria.

Superar los retos personales

Supongo que conoces la película de “Carros de fuego”, donde se narra los diferentes motivos de tres corredores que participan en la Olimpiada de París. ¿Cuáles son tus motivos?

Aparte  de la satisfacción de superar tus retos personales, el viajar y compartir tu afición con tu grupo.

¿Cuál es la mejor satisfacción cuando corres?

Mis mayores satisfacciones son cuando corro por el monte y estoy en contacto con la naturaleza.

¿Qué le dirías a un muchacho para animarle a practicar este deporte?

Solo que lo pruebe, pero en grupo.

¿Crees que puede haber algún paralelo entre la carrera sobre una pista, y la carrera de la vida?

Una carrera larga es una metáfora de la vida, con un principio, un final, momentos buenos y malos. Correr largas distancias mejora tu resilencia. Aprender que si no te desesperas, los momentos malos pasan siempre.

Felicidades Ernesto, por tu podio, pero sobre todo por los valores que encarnas en tu manera de pensar y de correr, no solo por la pista, sino por la vida.

Te agradecemos tus palabras para la Fundación Lusekelo, donde también corremos hacia una meta, la de conseguir que algunos niños, en Zambia reciban educación.

Estamos en la misma senda. Gracias.

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